top of page

POLONIA: SORPRESA DE EUROPA DEL ESTE

  • quillen gartia
  • 1 oct 2025
  • 5 min de lectura

Actualizado: 1 abr



Tres ciudades, cinco días y un recorrido que me dejó mucho más de lo que

esperaba.



Los cascos históricos siempre me atrajeron por su mezcla de colores, arquitectura y

relatos. Pero en este viaje descubrí algo más: una historia viva, dura y a la vez

profundamente humana.


Estábamos viviendo y trabajando en Berlín y teníamos un fin de semana largo libre.

Sin planear demasiado, abrimos el mapa y buscamos opciones que pudieran

hacerse en tren o bus. Así fue como terminamos eligiendo Polonia. Armamos un

recorrido por tres ciudades cercanas formando un circuito para aprovechar al máximo el tiempo… y el presupuesto.


En total fueron 5 días recorriendo un país que superó cualquier expectativa. Nuestro

itinerario fue intenso (sí, bastante ajustado), pero podés adaptarlo con más calma o incluso sumar otras ciudades como Poznán, que quedó pendiente para la próxima.



Primera parada: Cracovia


El viaje comenzó con un tren desde Berlín a Cracovia, que demoró unas 6 horas

con varias paradas en el camino. Compramos los pasajes a través de Omio y

aprovechamos el trayecto para disfrutar del paisaje y el restaurant del tren (sí,

todavía existen)


Hicimos check in en el hotel, (les dejo el nombre al final con los precios) y salimos a

recorrer el centro histórico. Como ya anochecía, buscamos un lugar para cenar

tranquilos antes del día intenso que nos esperaba.



Día 2: Minas de sal y memoria histórica


Arrancamos temprano con un tour reservado a través de Civitatis, plataforma que

usamos bastante porque tiene opciones en español y buenos filtros. La primera

parada fue en las Minas de Sal de Wieliczka, una visita guiada que nos llevó a

más de 100 pisos bajo tierra. Sí, hay una catedral de sal. Y sí, hay una estatua de

Juan Pablo II… también de sal.


Después del almuerzo, vino la parte más impactante del viaje: la visita a los

campos de concentración y exterminio Auschwitz I y Auschwitz II- Birkenau.

Fuimos con una guía local que hablaba español, lo que hizo la experiencia aún más

significativa. No voy a entrar en detalles. Solo diré que es un lugar que se visita con

respeto, en silencio y con una mente abierta para escuchar y aprender.


Importante: las visitas a los campos solo pueden realizarse con guías oficiales

asique conviene reservar con anticipación.

Volvimos a Cracovia al atardecer y cenamos en Sioux, un restaurante recomendado por uno de los guías.



Día 3: Free tour y tour gastronómico


Empezamos el día con un free walking tour en español (también por Civitatis), que

nos llevó por los principales puntos de la ciudad: el Castillo, la Iglesia donde el Papa

Juan Pablo II comenzó su camino religioso, centro histórico, mercado central, y más.


Lo que más me gusta de estos tours es que te dan un pantallazo general, ideal para

luego volver por tu cuenta a los lugares que más te llamen la atención.

A la tarde hicimos un tour gastronómico. Para nosotros, conocer la comida típica es

parte fundamental del viaje. Caminamos por el mercado local, probamos salchichas (hot dog), sopas (como la de remolacha), pierogis, bigos (un guiso típico), una dona sabor a rosa, y por supuesto, varios shots de vodka de sabores. Spoiler: nos encantó.


Terminamos el día con otro tour: “Misterios y leyendas”, una caminata nocturna con

historias poco conocidas. Muy recomendable para ver otra cara de la ciudad.

Cerramos la noche en Miedzymiastowa, un restaurante moderno de comida típica

con muy buenos cócteles.



Día 4: Escala en Varsovia


Al día siguiente, bien temprano, tomamos un tren hacia Varsovia. El trayecto demora 2 horas 20 min aproximadamente, (aunque también hay buses, un poco más económicos que tardan unas 4 horas). Como sólo íbamos a pasar el día en la

capital, decidimos dejar nuestras valijas eb un lugar seguro y cómodo para poder

recorrer con libertad. Usamos la app Bounce, que conecta con negocios u hoteles que ofrecen guardar tu equipaje por unas horas a precios accesibles.

Con las mochilas fuera del camino, buscamos un lugar para desayunar y luego nos

sumamos a otro free wolking tour, nuevamente en español. El recorrido todo el

centro histórico fue de los más pintorescos del viaje: calles adoquinadas, fachadas

color pastel y esa sensación que solo dan las ciudades que fueron reconstruidas

con amor después de años muy difíciles.


Aprovechamos para volver por nuestra cuenta a algunos puntos y sacar más fotos y

probamos uno de los snacks callejeros más típicos: serki z grilla, un bocado de

queso grillado con salsa de frutos rojos. Sí, suena raro. Pero sí, está buenísimo.


Tour gastronómico (sí, otra vez)

A la tarde hicimos otro tour gastronómico, esta vez en formato de degustación por

diferentes restaurants. Probamos variedades de salchichas, el clásico codillo de

cerdo, la famosa sopa zurek, (una crema ácida servida en un pan que fue de lo

mejor del viaje) y cerramos, cómo no, con unos shots de vodka polaco.

Después de caminar un poco más por la parte nueva de la ciudad, recuperamos

nuestras cosas y tomamos un bus nocturno hacia nuestro último destino: Breslavia.



Última parada: Breslavia, la ciudad de los duendes


Llegamos de noche y fuimos directo al hotel a descansar. Al día siguiente

arrancamos con (ya sabés qué viene) un free walking tour, que superó nuestras

expectativas. Esta ciudad tiene un encanto propio y muchos secretos para descubrir, como las más de 300 estatuas de duendes repartidas por sus calles.


Cada uno representa algo distinto: ¡hay duendes cocineros, viajeros, estudiantes,

músicos… hasta hay uno en silla de ruedas! Si querés buscarlos, hay una tienda

que vende un mapa para marcar los que vas encontrando (dato: los domingos está

cerrada)


Almorzamos en Konspira, un restaurante de comida polaca con decoración vintage, buena onda y excelente variedad de cervezas. Pedimos la Deska Polska, una tabla con mini porciones de platos tīpicos, ideal para probar un poco de todo.

Después salimos a “cazar” más duendes, paseamos por el centro histórico y, al final

de la tarde volvimos al hotel para descansar un poco. Cerramos la noche con una

cena tranquila y rica, y al día siguiente temprano emprendimos el regreso a Berlín.


Un viaje sin expectativas... que me marcó

Cuando planeamos este viaje, no imaginábamos que Polonia iba a dejarnos tanto.

Pero así fue. Es uno de los destinos que más me sorprendió en Europa: ciudades

diferentes entre sí, cargadas de historia, con gente amable, paisajes encantadores y una gastronomía deliciosa (y económica).


Polonia me pareció un país profundamente resiliente. Esa palabra le queda perfecta. Todo lo que vivieron está impreso en sus calles, en sus museos, en su gente… y en cómo siguen adelante con orgullo y amabilidad. Me encantaría volver y seguir conociendo otras regiones.





Info útil: por si querés armar tu propio viaje


-Cómo nos movimos: todos los trayectos entre ciudades los hicimos en tren o

bus, comprados desde Omio.


-Dónde dormir: nuestra plataforma casi por excelencia para reservar es

booking, Cracovia: Abella Suites & Apartments by Artery Hotels 90 euros/

noche. Breslavia: B&B Wroclaw Centrum 50 euros/ noche.


-Tours en español: contratamos casi todos desde la web o app de Civitatis,

que siempre nos funcionó muy bien.


-Presupuesto estimado: Polonia es un destino accesible comparado con otras

zonas de Europa. Comidas abundantes por menos de 10 euros, transporte

barato y buena relación calidad-precio en alojamientos.


-Ideal para: quienes buscan ciudades con historia, cultura, buena comida, y no

tan turísticas (todavía)

 
 
 

Comentarios


Diseñado por

bottom of page