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PIPA, CON MI ABUELA

quillen gartia
9 sept
6 min de lectura



Un viaje de dos, entre playas, charlas y atardeceres.



Un viaje inolvidable con una de mis personas favoritas del mundo, que hoy cobra un significado muy especial. Unas vacaciones con mi abuela antes de iniciar el año de trabajo, y antes de que se anunciara la pandemia en el 2020.


Mi abuela quería ir a Brasil pero no sabía a donde específicamente. Yo había visto fotos y escuchado hablar de Pipa y nos pusimos a investigar. Elegimos Febrero, pero no en carnaval pues estábamos con poca anticipación y ya todo era muy caro así que elegimos fines de febrero.


Día 1:


Volamos desde Buenos Aires a Natal, que es el aeropuerto más cercano, ahí contratamos un shuttle que nos llevó hasta la Posada en Pipa. Recomiendo mirar precios y horario de tu vuelo y reservar el transfer así aseguras tu lugar.

Llegamos a la Posada, hicimos check in y como estaba nublado fuimos a recorrer el centro y caminar un poco por la playa. Volvimos a la Posada y nos bañamos para salir a caminar por el centro.


Clave que el alojamiento este bien ubicado para llegar fácil y rápido, pero sin que la música y los ruidos a la noche molesten demasiado, porque es una ciudad y una época del año con mucha joda, música y gente en las calles. Eso fue lo que nos encontramos esa primera noche: algo que nos sorprendió y nos encantó.

Elegimos un restaurante para comer algo y descasar que al dia siguiente queríamos aprovechar la playa.


Día 2:


Salimos tipo 9 Am caminando por la playa hacia Bahia do Golphinos, una playa donde se pueden apreciar delfines y solo se llega por mar o caminando por la arena. Hay que aprovechar cuando la marea baja y regresar antes que suba por completo.


Pasamos la mañana en este spot hermoso, tomamos unos mates, disfrutamos del mar, alcanzamos a ver unos delfines, aunque bastante a lo lejos.

Emprendimos la vuelta, y debo admitir que fue el único momento del viaje donde pensé no sobrevivíamos. La marea subía más rápido de lo que nosotras podíamos caminar y nos encontramos atravesando piedras, y rincones complicados. Pero, como en muchos otros momentos de mi vida, mi abuela estaba riéndose y diciéndome que todo iba a estar bien, que nosotras podíamos.


Llegamos a la ciudad y almorzamos y después de ese pequeño estrés necesitábamos una buena siesta así que volvimos a la Posada.

Después de tomar unos mates, jugar a la generala, nos duchamos y arreglamos para salir al centro. Comimos en un lugar que hacían crepes dulces y salados. Tomamos unas caipiriñas para festejar la hazaña del día y disfrutamos del clima festivo que se arma en las calles: música, gente bailando, y familias paseando. Después de un día lleno de emociones a descansar.


Día 3:


Queríamos ir a Praia do amor, y como alquilar un auto no era una opción, fuimos en unos buses públicos que (en ese momento no tenían la mejor frecuencia) te llevan a varios puntos cercanos de Pipa.


Elegimos uno de los puestos que tenían sombrilla y sillas para pasar el día ahí. Almorzamos en ese mismo lugar, tomamos agua de coco, jugamos a la generala (juego de dados que en mi familia siempre está presente).

Emprendimos la vuelta para bañarnos e ir al centro a disfrutar de otra noche.


Día 4:


Este día elegimos ir a la Praia da Pipa, la que más nos gustó, y a la que más veces volvimos. Es de las más concurridas poque, cuando baja la marea, la playa se agranda y en el mar se forman “piletas” hermosas, ideales para familias y también para nosotras, que nadar nunca fue nuestra actividad favorita.


Tomamos mates, agua de coco, comimos queijo, por supuesto, y después de quedarnos casi hasta que empezaron que desarmar las sombrillas por la suba de la marea, nos fuimos a la posada a bañarnos para, adivinen que… claro que sí: ir al centro.


Día 5 y 6:  


Fueron muy similares. Empezamos nuestros días de una forma muy similar al anterior, misma playa, mismas sombrillas. Pero esta vez elegimos hacer un corte para ir a almorzar en el centro. Fuimos a un restaurante y probamos una degustación de postres muy buena y claro que después de esto necesitábamos una buena siesta.


Nos despertamos con calor asique fuimos a la playa nuevamente, esta vez a la Praia do Centro. Disfrutamos del mar al atardecer con unas postales hermosas y un clima inmejorable.


Regresamos a la posada y, como no teníamos muchas ganas de volver al centro, queríamos comer algo más al paso, fuimos a una pizzería muy cerca de la posada. Cenamos ahí y probamos unos de los postres más raros de mi vida: pizza dolce, con chocolate y banana. Antes de que juzguen déjenme decirles que estaba buenísima.  

Día 7:


Elegimos ir a conocer Praia do Madeiro, fuimos en el buso van que comenté anteriormente. La llegada a esta playa tiene una bajada con muchas escaleras. Yo lo había leído y estábamos un poco preocupadas, pero como sobrevivimos al día 2 ya no le teníamos miedo a nada.


Elegimos una de las barracas y pasamos el día ahí. Es una de las playas más populares y elegidas para practicar surf, por lo que los precios pueden ser un poco mas elevados.


Almorzamos algo que en Pipa se estila mucho: una carne -pescado, pollo o vacuna- con acompañamientos. Esta vez elegimos la carne vacuna salteada con cebolla, que venía con ensalada, papas fritas y arroz.  ¡Si todo eso!


Antes que bajara el sol, nos tomamos otro bus local para ir hasta Tibau do Sul, un pueblo cercano donde habíamos visto que recomendaban ir a un bar a ver el atardecer. Ese día estaba nublado, pero aun así fue hermoso. Recomiendo visitar Sunset Marinas.

Regresamos en Uber y a descansar.


Día 8:


Amaneció nublado y con llovizna, así que aprovechamos para dormir un poco más. Después nos fuimos a caminar por Praia do Centro y almorzamos en un restaurante muy lindo: Pipa Beach Club, desde donde también dicen que se ve hermoso el atardecer.


Aprovechamos que estábamos más descansadas y fuimos temprano al centro a pasear antes que le llenara de gente, entrar en las tiendas de souvenir, tomar unas caipiriñas y volver a dormir.


Día 9:


Para terminar el viaje, elegimos volver a nuestros lugares favoritos. Así que empezamos el día en Praia da Pipa, disfrutando el mar con su temperatura justa, el sol, unos mates, nuestras charlas infinitas.


Para cortar un poco el sol, fuimos a almorzar a Pipa Beach Club y después volvimos a la sombrilla para aprovechar de ese hermoso lugar hasta el final. Cuando empezaron a levantar todas las sillas porque la marea subía, supimos que nuestro viaje estaba llegando a su fin.


Día 10:

Unos días antes habíamos contratadonen el centro de Pipa un shuttle que nos buscó por la Posada y nos llevó hasta el aeropuerto de Natal.


Info útil:


-Transporte: como mencioné arriba, los buses/mini-van que utilizamos costaban alrededor de 3 reales, en efectivo. Contraten con tiempo el traslado que vayan a utilizar para ir desde y hacia el aeropuerto. Mucha gente alquila moto, cuatriciclo, auto para moverse por toda la zona.


-Alojamiento: nosotras alquilamos una Posada, que tal vez no era la más lujosa, pero tenía desayuno y estaba MUY bien ubicada, que para mí es clave cuando no vas a tener transporte a tu disposición. Tal vez, si volviera, buscaría un lugar que tenga pileta, porque es algo que se puede aprovechar.


-Dinero: como comenté, esto fue hace varios años y, en ese momento, usamos casi todo efectivo, que cambiamos en el aeropuerto y en una casa de cambio local. Hoy en día hay billeteras virtuales que te permiten pagar desde el celular de manera segura, aún así recomiendo siempre tener algo de efectivo en moneda local, porque al no ser una ciudad tan grande hay pequeños gastos que siguen siendo en efectivo.



Este viaje fue pensado para disfrutar con mi abuela y con actividades elegidas entre las dos. Un destino ideal para disfrutar de la playa, el sol, el mar, la comida rica y la música. Un lugar tan familiar como romántico.


Estos 10 días van a quedar por siempre en mi corazón y en mi memoria. Agradezco profundamente haber tenido la oportunidad de viajar con mi abuela y disfrutar de estas vacaciones juntas. Esas risas, charlas interminables, mates dulces, queijos y partidas de generalas en la playa son de esos recuerdos a los que vuelvo  cada vez que la extraño.


Qué hermoso haber compartido de esta pasión por la playa y los viajes juntas y, qué placer poder contar esta historia. Ahora este recuerdo deja de ser solo mío para convertirse en una partecita más de esto que estoy construyendo, que se llama Acá se viaja.


 
 
 

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